10 cosas que puedes aprender de tus hijos

Aman incondicionalmente, viven en el aquí y el ahora y nunca reprimen sus sentimientos. Los niños pequeños de entre uno y tres años, enseñan a los padres cómo ser felices.

Cualquier persona que tenga un hijo, puede observar cosas asombrosas todos los días. El niño no tiene que hacer ningún entrenamiento autógeno para estar profundamente relajado. No necesita mucho esfuerzo para concentrarse y enfocarse en una cosa. No necesita saber nada sobre el budismo para vivir el momento presente. 

Si nos copiamos un poco de él, podemos redescubrir habilidades enterradas que nos pueden salvar del estrés, las preocupaciones innecesarias y la insatisfacción.

Afortunadamente, él nos muestra cómo se hace. Y estas son las diez cosas más hermosas que podemos aprender de ellos. 

1- Vivir el momento presente.

Pepe tiene dos años y medio. Va con su madre de camino al parque para encontrarse con una amiga. La amiga tiene que esperar, porque Pepe acaba de ver un ejército de hormigas en la acera. Se agacha y observa fascinado el desfile de insectos. No piensa en nada más. Ni el golpe que se dio en la guardería, ni el tiempo que hace o lo que hay para cenar. 

Los adultos, por otro lado, pasamos mucho tiempo planificando y preocupándonos por el futuro, discutiendo sobre cosas que han pasado y que no han ido bien. Un niño puede reírse de eso. En su percepción, sólo existe el momento presente. Y por eso, como es atemporal, tiene un sentido de eternidad. Este es un secreto al que un gurú indio debe guiar laboriosamente a sus discípulos. 

Los padres lo tienen más fácil: solo tienen que imitar a sus hijos y detener el tiempo de vez en cuando. ¿Cómo se puede conseguir? Al disfrutar conscientemente de algo, sin pensar en qué otra cosa se debería estar haciendo. Observar la luz especial de las hojas en otoño, una taza de café caliente antes de empezar a trabajar, una canción mientras se conduce al trabajo, que inesperadamente, calma el alma. 

2- Simplemente llora si algo sale mal

El muffin de chocolate se cayó al suelo y se rompió. María (1,5) observa desde su silla el percance y rompe a llorar. Su padre la consuela, recoge los trozos de muffin y los vuelve a poner en el plato. Poco después, las lágrimas se secan y María mordisquea el muffin como si nada hubiera pasado. 

¿Cómo lo hace? Mientras lloraba, dejó que su decepción se desvaneciera hasta que no quedara nada de ella. Debido a que no se acumulan malos sentimientos en su cuerpo, María no conoce la tensión. Nosotros, los adultos, que a menudo estamos plagados de dolor de cuello o estómago, también podemos hacerlo como los pequeños. ¿Por qué no llorar cuando la reparación del coche cuesta 800 €, o el vecino se queja de los ruidos de los niños, o se rompe un jarrón que era de la bisabuela?

3- Estar desnudo es agradable

Lucas, de dos años, grita con entusiasmo mientras recorre desnudo todas las habitaciones felizmente. Él encuentra su cuerpo hermoso, natural y lo disfruta cuando no lo aprieta la ropa. Los adultos no tienen que negar que esta experiencia es buena. Sienta de maravilla cuando nada más que aire llega a tu piel de todos lados. Si no esperas ninguna visita, entonces puedes disfrutar de la desnudez más a menudo.

4- Dejar de comer cuando se está lleno

Las barriguitas de los niños les dicen cuándo tienen suficiente. El niño deja de comer. En la era de las 1.000 dietas recomendadas, es oro puro también para los adultos, sentir cuando se satisface el apetito. Si todavía no estás lleno, entonces puedes comer conscientemente, más lento y disfrutar de cada bocado con todo detalle. 

Cualquiera que lo prueba, se pregunta cómo puede ser que una cantidad pequeña de comida sea suficiente. Esto es porque el estómago tiene suficiente tiempo para enviar el mensaje al cerebro: ¡Gracias, es suficiente!

5- Una siestecita sienta de maravilla

Sara (1,5) se sienta en el suelo a jugar. Cuando su madre le echa un ojo un poco más tarde, la niña se ha tendido en la alfombra y está durmiendo feliz. Los niños pequeños simplemente ceden a la necesidad de dormir de su cuerpo. Para los adultos es totalmente recomendado. Después del trabajo o un día de tareas de la casa agotador, una siesta corta en el sofá ayuda a alejarse del estrés y dormir de buen humor por la noche.

En los viajes largos en coche, puedes llegar a un área de descanso y dormir unos 10-15 minutos. Algunos lo logran incluso en la hora de la comida en la silla de la oficina. Si no consigues dormirte, estar sin hacer nada libera tensiones y proporciona una mini-recuperación.

6- Amor incondicional

Si se trata de mamá y papá, o del vecino que siempre está de buen humor, de la niñera paciente o del mejor amigo de papá, si a un niño le gusta alguien, a menudo van directamente y dicen: “¡Te quiero!” O coloca sus bracitos alrededor del elegido.

No pregunta acerca de las debilidades humanas de la persona, y realmente no le importa si el peinado de mamá es horrible, o si papá ha aumentado cinco kilos. También para nosotros, los adultos, es bueno pasar por alto los errores y las debilidades y decir más a menudo: “¡Me alegro de que estés aquí!”, “Eres muy buen amigo, ¿lo sabes?” o “Te quiero”. 

7- La magia del perdón

Muchos adultos llevan consigo una carga invisible pero pesada. A menudo está lleno de rencores de la infancia, donde hubo padres con poco tiempo o falta de amor. A veces cargamos este paquete demasiado, debido a las personas que nos han decepcionado o nos han hecho daño. 

Nuestro hijo nos muestra como deshacernos de este lastre del alma: perdónalo todo y no cargues más con el peso. Ya sea que esté indignado porque un amigo le ha roto su castillo o lo regaña, o porque mamá no le dio lo que quería, después de unos minutos, todo está olvidado. También hace que sea mucho más fácil para los adultos, poner fin a toda esta carga y perdonar al que nos hizo daño.

8- Ver las pequeñas cosas

Bruno (2) está sobre un charco. Puede ver su cara mientras se inclina sobre el agua. Golpea la superficie con su dedo, y la imagen se disuelva. Cuando espera un poco, reaparece su cara de nuevo. Estas pequeñas maravillas ya no nos sorprenden porque tenemos la sensación de que lo sabemos todo hace mucho tiempo.

Pero esta convicción a veces nos impide percibir cosas que quizás sean especiales.

9- Reír es la mejor medicina

Los niños se ríen hasta que tienen hipo, cuando el payaso tropieza en el circo o un niño de la guardería intenta meterse una mandarina entera en la boca.

Los adultos tienen el sentido del humor más sofisticado. Pero no hay que ir corriendo a un curso de Yoga-Risa para que las hormonas de la felicidad circulen por nuestro cuerpo.

Por ejemplo, es mejor reírse de sí mismo cuando algo sale mal, en vez de enfadarse. Alguno incluso lo ven como una anécdota que pueden incluso compartir con amigos y familia. 

Si necesitas ayuda para reírte, contrata a una niñera, ves al cine, al teatro o al cabaret para ver una comedia o una sátira. O en vez de thrillers, lee algo gracioso antes de ir a dormir. 

10- No hacer las cosas a medias

Si un niño hace algo, entonces lo hace bien: se pone todo el bote de Nivea en el pelo, porque sería una lástima que quedará algo sin usar en el bote. Y si no quiere algo, entonces también lo hace con ganas.  Si cuando va a recogerlo el padre a la guardería, todavía está jugando, entonces da unas cuantas pataletas y cruza las manos porque no se quiere ir sin terminar.

Debemos aprender de esta determinación. Terminar una cosa primera, antes de comenzar la siguiente. ¿Por qué no dejar que suene el teléfono cuando estamos escribiendo un Email? También podemos prestar más atención a los compromisos que no nos gustan. ¿Realmente quieres colaborar de nuevo en la organización de la fiesta del colegio? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin que nada ni nadie te frenara? 

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