¿Cómo aprende el niño a través del juego?

Los niños pasan por procesos básicos de aprendizaje y educación a través del juego. De muchas maneras posibles y por iniciativa propia, practican comportamientos que promueven su desarrollo físico, intelectual y social. Cuando surge la oportunidad, se dedican a su pasatiempo favorito: jugar. Exploran cosas nuevas con entusiasmo, profundizan lo aprendido en otras ocasiones y adquieren habilidades muy importantes.

Capacidad de razonamiento

A través de actividades lúdicas para descubrir el entorno que los rodea, los niños entrenan sus habilidades intelectuales. Entre otras cosas, aprenden leyes físicas y el manejo de objetos. Por ejemplo, al construir con los bloques de madera, expanden su percepción espacial y su conocimiento de las leyes mecánicas

Un niño, solo es capaz de reconocer varias características de un objeto y una situación, a la edad de aproximadamente cuatro años. Puede diferenciar, por ejemplo, diferentes vasos, jarras y tazas. También adquiere la capacidad de analizar hábilmente las situaciones, sacar conclusiones y resolver problemas. 

Comunicación

Especialmente, los niños más pequeños tienen limitaciones a la hora de articular sus deseos, experiencias y emociones y, es a través del juego, donde pueden expresarse mucho mejor. Los adultos que pueden entender estos mensajes, pueden experimentar algo inesperado junto con sus hijos en estas vivencias.

Cuando juegan, los niños hablan a menudo con ellos mismos. Ellos mismos se dan órdenes y manejan los problemas, primero en voz alta y luego cada vez más tranquilos. Los psicólogos expertos en desarrollo ven esto como la base para adquirir el pensamiento lógico. 

Los juegos de rol requieren mucha comunicación verbal. Los participantes hablan mientras juegan “¡Vendo helados!” y también sobre el juego “Yo soy el vendedor”. Muchas veces imitan el comportamiento y la forma de comunicarse. Además, amplían su vocabulario y sus habilidades comunicativas, a menudo, a través de rimas y juegos de palabras. 

Habilidades sociales

Jugar con más niños les aporta habilidades sociales esenciales. Estas incluyen el sentido de comunidad, pensamiento crítico y autoafirmación. Los padres deben ayudarlos a través de charlas e indicaciones, a cómo interactuar con otros niños de su edad y, por supuesto, esforzarse para que los niños logren un equilibrio adecuado.

La confianza que se supone que hay entre los padres y el niño, es muy importante para poder confiar en los niños de su edad, y un requisito para formar relaciones estables.

Habilidades motrices y percepción sensorial

Los juegos que requieren movimiento y una mayor atención de ciertos órganos sensoriales, fomentan el desarrollo de la percepción corporal y sensorial. Los juegos de este tipo incluyen actividades en las que los niños tienen que moverse y experimentar cosas sobre su entorno a través de la vista, el tacto, el oído, el gusto o el olfato. Como ejemplo tenemos el juego de “La gallinita ciega”, donde el niño tiene que moverse con los ojos vendados ayudándose de los otros sentidos. 

Tales actividades promueven la capacidad del cerebro para organizar, ordenar y evaluar múltiples impresiones sensoriales. Esto ayuda al niño a desarrollar su capacidad de reacción y mejorar la interacción de los órganos sensoriales. Si hay algún trastorno del desarrollo, pueden surgir ansiedad, problemas de concentración y trastornos en el desarrollo del lenguaje. 

Equilibrio interior

Al jugar, los niños procesan sus emociones y experiencias, fomentando así su equilibrio interior. Esto, a su vez, es de gran importancia para su capacidad de aprendizaje, ya que el desequilibrio emocional, a menudo complica el procesamiento de las experiencias y, por lo tanto, obstaculiza los procesos de aprendizaje y desarrollo.

Debido a que mediante el juego se consigue un equilibrio psicológico, se aconseja a los padres que limiten lo menos posible a sus hijos en la elección de las actividades. Sin embargo, aquellas actividades de riesgo o que puedan tener un impacto negativo en el desarrollo del niño, como por ejemplo jugar mucho tiempo con el ordenador, deberían estar excluidas.  

Los adultos deben darles a sus hijos, en este contexto, la libertad para que expandan su capacidad creativa, sin evaluar sus pensamientos y acciones de forma lógica. De esta manera, se fomenta la actividad y la forma de expresarse libremente y, por ende, su desarrollo físico e intelectual

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