La fase de terquedad del niño

La “fase de terquedad” es parte del desarrollo normal del niño. En esta fase, el niño aprende a tomar sus propias decisiones y querer cumplirlas. Al principio, los padres se sienten abrumados o perdidos cuando se producen las rabietas, ya que creen que han hecho algo mal. 

A partir de los dos años, el niño empieza lentamente a desarrollar su propia voluntad y a expresarla. Quiere actuar de forma independiente y hacer que todo sea posible. Aquí empieza la llamada fase de terquedad. Dependiendo del temperamento del niño, puede ser una fase más o menos dura. 

¿Cuánto dura?

La primera fase de terquedad puede empezar sobre los dos años, es decir, en la infancia, y continuar hasta los seis años. Para la mayoría de los niños, se acaba a la edad de tres o cuatro años. Esta fase fue denominada por Freud como “la fase anal”. 

A esta edad, los niños siempre quieren conseguir lo que tienen en mente. Gritar y dar patadas son las formas más inofensivas de expresarse en esta etapa. Otros niños se tiran al suelo, se golpean la cabeza contra algún mueble y gritan hasta que su cara se vuelve azul. Todas estas reacciones de terquedad pueden alterar y angustiar a muchos padres. 

La fase de terquedad como fase de desarrollo

Los niños saben que, en esta fase, pueden influir en su entorno debido a su comportamiento. Se dan cuenta de que pueden tomar decisiones como cualquier persona, incluso sin saber el alcance que pueden tener. Aprenden que hay una alternativa para cada opción. Estos niños se sienten abrumados, ya que no pueden comparar estas alternativas que se les dan. Si se le ofrece al niño dos opciones para elegir, por ejemplo, dos comidas diferentes, generalmente se decide rápidamente por la segunda, sin compararla siquiera con la anterior. Cuando se le sirve el plato, el niño se da cuenta que preferiría haber elegido la otra opción. Como todavía no se puede expresar correctamente, se origina una rabieta debido a la frustración. 

Esta fase es muy importante para los pequeños, en la cual la independencia del niño aumenta y desarrolla sus propias competencias. Por lo tanto, los padres no tienen que estar a la defensiva, ya que formarán niños que serán más apáticos e incompetentes, al no poder desarrollar sus habilidades. 

Causas y consejos contra las rabietas
Abrumado por tomar decisiones

No es de gran ayuda para el niño, si debe decidir constantemente entre alternativas: manzana o plátano, visita al teatro o al parque, arroz con leche o flan. Del segundo al tercer año de vida, el niño no puede hacer comparaciones y sopesar entre las alternativas. A veces hay que permitir que él decida, pero a menudo es más beneficioso si los padres deciden por él, y de esta forma evitar una rabieta.

Prohibir causa mal humor

Si un niño escucha un “NO” con demasiada frecuencia, va creciendo la frustración en él, y a la décima vez de haber escuchado “no”, explota su rabieta. Observa con qué frecuencia le niegas a tu hijo algo que le gustaría hacer. En caso necesario, puedes usar un “No-diario” para saber cuántas prohibiciones recibe al día. Considera alternativas para apaciguar la situación e intentar evitar estas reacciones desafiantes. 

Hacerlo solo

Tu hijo debe asumir las tareas que puede hacer solo. Las cosas simples, como llevar algo de A a B, o tareas ligeras con el apoyo de los padres, son más fáciles de manejar. Para tareas más difíciles, los padres lo pueden ayudar sin decir nada, es decir, sin decirle “no puedes hacer eso”.

Evitar los tiempos de espera

Los pequeños todavía no tienen desarrollado el sentido del tiempo. Si dices: “Vamos a casa de la abuela”, el niño piensa que hay que irse enseguida. Si todavía tienes que limpiar los platos o tender la ropa, tu hijo se impacientará rápidamente. Así que es mejor no decirle con demasiada anticipación lo que vais a hacer luego. 

Cansancio y rabietas

En esta etapa, se les exige a los padres ser muy sensibles. Un niño cansado se pondrá más terco antes que otro bien descansado. Asegúrate que tu hijo duerme lo suficiente.

Mantenerse tranquilo

No es tarea fácil enfrentarse a una rabieta con serenidad. Regañarle o incluso gritar, rara vez soluciona el problema. Sin embargo, no debes ceder, ya que el niño aprende a usar esas reacciones desafiantes con un propósito si se da cuenta de que puede conseguir todo lo que quiere. 

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