Muerte, duelo y muchas preguntas

La muerte es siempre un tema difícil. Muchos padres intentan mantener a sus hijos alejados, pero el día menos esperado, muere su mascota o alguien de la familia se pone gravemente enfermo. Y es entonces cuando el niño tiene que enfrentarse al lado oscuro de la vida. Por eso es importante hablar con ellos sobre el tema.

Muchos padres creen que los niños no pueden manejar y asimilar correctamente temas como la muerte. Aunque estos temores son comprensibles, no siembre tienen fundamento. Los expertos están seguros que los niños pueden manejar el tema de la muerte si se presenta la temática con cuidado.

¿Existe una edad adecuada para hablar de la muerte?

Cada niño asimila el tema de manera diferente. A la edad de tres años, algunos niños preguntan por qué el escarabajo está acostado boca arriba en la hierba, mientras que otros niños empiezan a interesarse por el tema de la muerte cuando tienen diez años. En consecuencia, los padres están de acuerdo en que no hay un momento ni edad perfecta para abordar el tema, sino que depende del desarrollo y la personalidad del niño. 

De todas formas, cuando los niños se enfrentan directamente con la muerte o empiezan a hacer preguntas, entonces es hora de hablar. Es importante que no se posponga o evite la conversación, ya que los niños deben obtener repuestas sinceras a sus preguntas y miedos, así como aprender a hablar sobre los sentimientos negativos. 

Metáforas y representaciones

En la conversación, es muy importante que no se usen metáforas. Por ejemplo, cualquier persona que describa la muerte como “quedarse dormido suavemente” puede desencadenar en los niños el miedo a quedarse dormido. Es mejor hablar alto y claro sin asustarlo. Por ejemplo, se le puede explicar que la muerte es parecida a dormir, pero que el corazón no late. Es igualmente importante aclarar que la muerte significa que alguien se ha ido para siempre.

Según las estadísticas, muchos padres están de acuerdo en decir que el alma del difunto nos mira desde el cielo o que se ha ido a través del arco iris. Estas representaciones pictóricas ayudan a los niños a aceptar que alguien se ha ido y que se encuentra en un lugar bonito. 

Muchas veces los niños preguntan “¿qué se siente al morir?” O “¿Dónde está uno después de morirse?”. Los propios padres, a menudo no encuentran una respuesta. Una vez más, la honestidad es la mejor reacción. Cualquiera que crea en el renacimiento, puede transmitir esta creencia a sus hijos para que no tengan miedo a la muerte. Si no se tiene ninguna creencia sobre lo que sucede después de la muerte, también puedes decirlo. Los niños van formando gradualmente su propia opinión sobre la muerte y generalmente son más maduros con el tema de lo que muchos adultos creen.

El duelo en los niños. Consolar de forma adecuada. 

Los niños pasan el duelo de manera diferente a los adultos. Por ejemplo, puede suceder que al principio no reaccionen a la pérdida de una persona. Esto no es raro, ya que a menudo son incapaces de ordenar sus sentimientos de forma adecuada. Entonces, puede ser que el duelo estalle unos días después. También es posible que el niño no muestre nada hacia el exterior y procese la muerte a través de juegos, deporte u otras actividades. 

Si muestra claros signos de dolor, los padres no tienen que consolarlo diciendo “Mañana verás el mundo de una forma diferente”. Hay que tomar sus sentimientos en serio y estar ahí para él. El niño decidirá si el consuelo tiene lugar a nivel físico (abrazos, contacto) o hablando. Algunos quieren jugar enseguida porque es una forma de apartarse del dolor, mientras que otros, quieren estar solos. Es importante que se respeten estos deseos y que quede claro que cada persona sufre el duelo de forma diferente. 

Llorar juntos puede ayudar a padres e hijos, ya que los niños se orientan por las acciones de los padres. Si alguien oculta su dolor, da a entender al niño que debe ocultar sus emociones. Así que, está bien mostrar dolor, miedo y otros sentimientos negativos. Justamente, es así como los padres se presentan a sí mismos como un modelo a seguir en el procesamiento del duelo.

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