Y de repente, ya no es un niño

Con la adolescencia, acaba un tiempo muy bonito en el que los padres podían pasar tiempo con sus hijos. Esta es la opinión de la mayoría cuando se trata el tema de la pubertad. Los adolescentes son considerados como particularmente difíciles y la relación entre padres e hijos, complicada. Pero, ¿cuánto hay de verdad en el mito de que la pubertad es terca, rebelde y eternamente testaruda?

¿Solo una fase?

Los padres intentan tranquilizarse cuando ven a sus hijos a pasos agigantados entrar en la pubertad, y mantienen la esperanza de que las disputas terminarán algún día. Como muy tarde, cuando se muden de casa, aunque haya un gran dolor debido a la separación. El consuelo es, que al final de la pubertad y con el comienzo de la etapa adulta, los niños vuelven a entrar “en razón” 

Enfoques erróneos sobre esta etapa

Es muy “fácil” etiquetar el comportamiento adolescente como irrazonable y que cualquier provocación puede ser usada deliberadamente para empezar una disputa con los padres. Básicamente, no hay una pubertad deliberada que obliga a los adolescentes a llevar a sus padres al borde de la desesperación a cualquier costo. 

Tampoco se puede garantizar que la relación entre padres e hijos cambiará repentinamente por completo y se volverá armoniosa una vez que alcancen la mayoría de edad. Este es el problema general, cuando el desarrollo de los niños pasa por determinadas fases. 

Desde hace años, no se encuentra explicación al motivo por el cuál está fase empieza cada vez antes. No se puede culpar a los niños de este acontecimiento. En muchos casos, las circunstancias requieren que desarrollen su autonomía mucho antes. Por ejemplo, si el niño va a la escuela todo el día y después a las actividades tales como música, inglés, repaso y demás, aprende un ritmo que no es tan diferente de un adulto. Las horas en la escuela disminuyen con la edad, y a los 16 años, en algunos países, ya pueden votar. Si no se desea estudiar a partir de los 18 años, entonces ya tiene todos los requisitos para ser un adulto. Sin embargo, los padres se sienten sorprendidos todavía cuando sus hijos, “de repente”, quieren tomar decisiones por sí mismos.

El ansia por la independencia no es un comportamiento exclusivo de la pubertad

Lo que se ignora en los argumentos sobre la pubertad temprana, es que no solamente en la adolescencia quieren ser independientes de sus padres. Después de todo, cualquier habilidad recién aprendida es solo otro paso – literal en el caso de aprender a andar – hacia la independencia. Los primeros pasos son un motivo de alegría de los padres. El deseo de salir hasta más tarde los fines de semana, causa un ataque de pánico. 

Los niños que entren en la adolescencia, tienen que buscar de nuevo su lugar en las estructuras sociales, como la familia. El dilema asociado con esto, se hace más evidente en las reuniones familiares: los adolescentes se sienten entre dos mundos. Se sienten demasiado mayores y adultos para jugar con los niños más pequeños, pero por otro lado, no son adultos completos. No resulta sorprendente que la frustración surja debido a su nuevo rol dentro de la familia y cree algunas fricciones.

Hacia la búsqueda de nuevos roles

Encontrar la propia identidad requiere que los adolescentes descubran su lugar en diferentes espacios y, con frecuencia, los lleva a un conflicto. Por un lado, tienen que atender las necesidades propias, cada vez más importantes, y por el otro, no quieren decepcionar a los padres y las expectativas que tienen puestas en ellos. El hecho de que la propia importancia esté por encima de la de los padres, es parte del proceso de desapego.

Después de todo, es primordial volver a evaluar muchos aspectos en relación consigo mismo y su entorno. Se observa que las tareas difieren solo ligeramente de las de la fase infantil “¡Mira! puedo hacerlo solo”, solo los temas que se presentan en esta etapa son diferentes:

Cambios importantes

Una de las tareas personales es tener independencia a la hora de tomar decisiones importantes, por ejemplo, cuando llegar a casa, qué ropa ponerse y defender sus derechos. Además, un aspecto importante es el control de situaciones cotidianas, desde salir con amigos, gastarse el dinero o ir de vacaciones sin los adultos. Aquí es cuando se va desarrollando la autoconfianza y se adquieren valores propios, todo esto acompañado de los cambios físicos

Otro aspecto importante a considerar son las relaciones. No tanto las relaciones familiares, sino el círculo de amigos y las relaciones íntimas, que cada vez juegan un papel más importante. 

Además, para los adolescentes, la independencia de los padres se va haciendo cada vez más evidente. El tiempo de estudiar se va terminando, y con ello, están a un paso de la vida profesional. Por un lado, esto significa independencia financieray, tarde o temprano, su propio hogar. Por otro lado, significa más responsabilidad, no solo para él, sino también para su propia familia. 

Sin duda, es una situación difícil para padres e hijos. En principio, todos los miembros de la familia deben reinventar sus roles y aceptar la nueva situación. Los padres no son una excepción, por el contrario, tienen más desafíos, ya que generalmente los adolescentes se resisten a continuar recibiendo las instrucciones de los progenitores. Especialmente en estos tiempos de inseguridad, es cuando más se necesita la guía de los padres, aunque debe ser apropiada.

No es una tarea fácil, entre otras cosas porque requiere una reflexión permanente sobre la relación con el niño y sus necesidades, así como su propio rol. Debido al torrente de emociones de esta etapa, se complica todavía más la tarea y conduce a errores al tratar a los adolescentes. En algunos casos, equivocarse es humano e inevitable, pero no deben convertirse en regla general, ya que aumenta el problema.

Es importante descartar ciertos patrones de comportamiento hacia los adolescentes

No es de gran ayuda señalar los sentimientos y problemas de los adolescentes, como meros síntomas de pubertad. Por supuesto, la pubertad es causante de muchas dificultades. Sus problemas y sentimientos deben tomarse en serio. Sólo entonces, los niños podrán superar la situación.

Los adolescentes necesitan libertad de movimiento para resolver las tareas descritas anteriormente, por lo tanto, no es útil querer mantenerlos siempre bajo control. Esto se define como demasiado paternalismo y falta de confianza. 

Traspasar los límites conscientemente es un comportamiento normal de los niños, cosa que pone a los padres al rojo vivo. Sin embargo, no debe obligarse al adolescente a cumplir un rol de subordinación, del que realmente quiere deshacerse. 

Evitar cualquier discusión, con el fin de impedir posibles conflictos, no soluciona nada. Estas disputas son necesarias para que el niño, por un lado, pueda encontrar su propio punto de vista y, por el otro, aprenda a respetar el punto de vista de los otros, en este caso el de los padres, incluso si las opiniones no coinciden. 

El comportamiento inapropiado debe tener consecuencias, pero no necesariamente castigos. Esto requiere una comunicación intensa y la intervención para establecer unas reglas que deben cumplirse. Las consecuencias de romper las reglas, pueden ser más efectivas que un castigo. Por eso, no es de gran ayuda intentar controlar el comportamiento a través de prohibiciones excesivas. 

Lo más importante, y al mismo tiempo lo más difícil, es no tomarse estas peleas como algo personal. Por más dolorosos y provocativos que sean los comportamientos y comentarios de los adolescentes, no hay que dejarlos solos en esta etapa. Después de todo, no importa qué tan adulto se sienta el niño. Mamá y papá todavía son necesarios como puntos de referencia e importantes para un mejor desarrollo. 

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