¿Cómo desarrollan los niños la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de superar la adversidad y no desanimarse por las dificultades o experiencias traumáticas de la vida. La receta es: amor, calidez – y menos sobreprotección. 

Algunas personas, parece que se superan a sí mismo en momentos de crisis. En vez de desanimarse, se enfrentan a los desafíos y encuentran una buena solución para poder vencer a las adversidades. Desde hace más de 60 años, hay investigaciones sobre la resiliencia y los factores que ayudan a las personas resilientes.

La resiliencia se puede aprender.

Las investigaciones han demostrado que las personas resilientes liberan menos hormonas del estrés o las reducen más rápidamente en situaciones complicadas. A pesar de que en algunos casos hay un cierto componente genético, la Resiliencia no es innata, sino que se puede aprender. La fuerza interior se desarrolla con la interacción entre el niño y sus personas más cercanas, sobre todo los padres. La base es la relación y el vínculo del bebé y sus padres o aquellas personas con las que tienen un contacto regular y cercano en sus primeros dos años de vida. Dependiendo de las experiencias de vida que tenga un niño, su capacidad de recuperación mental se debilitará o se fortalecerá. También influye la confianza básica entre ellos.

Como regular los sentimientos.

El vínculo entre padres e hijos es positivo cuando los padres tratan al bebé desde el principio con mucha calidez y amor, se involucran con sus necesidades y aprenden a comprender sus señales. Las madres, generalmente lo hacen de forma intuitiva abrazando y hablando con su bebé. Consolándolo cuando llora o dejándolo solo cuando está cansado. Entonces el niño siente: mamá o papá están allí cuando los necesito. Esto genera confianza y poco a poco aprende a regular los sentimientos, y así se calma. 

La seguridad emocional que un niño experimenta desde el principio, puede ser imaginada como un abrigo cálido que lo protege cuando hay tormentas o nieva.

Influencias diversas 

Aunque la capacidad de interpretar las necesidades de los niños, es inherente a los padres, no todos lo dominan por igual. Diferentes influencias, como un entorno inseguro, malas experiencias de la propia infancia, pero también un embarazo estresante o un parto difícil, pueden perturbar esta delicadeza. 

Hay diferentes programas o métodos para poder desarrollar esta delicadeza. Está bien si los padres cometen errores de vez en cuando. No cuenta cada reacción, sino que se trata de la atmósfera y el vínculo con el niño. La resiliencia también se puede aprender más tarde. Otras personas de referencia de los niños, como las educadoras o maestros, abuelos, tíos, entrenadores del club y profesor de karate, cada uno a su manera, pueden tener un efecto de equilibrio.

Más estrategias contra el estrés.

La característica de los niños resilientes es que tienen más estrategias que otros para hacer frente a situaciones estresantes. Son más flexibles, tienen un plan B y el apoyo de amigos en momentos de necesidad. Esto requiere una autoconfianza bien desarrollada y la capacidad de regular los sentimientos.

Para fortalecer a un niño, los padres tienen que valorarlo, tratarlo con respeto y confiar en él. Así que no se trata de mostrarse una vez amistoso y la próxima vez desinteresado o despectivo. Si el niño se ha hecho daño, necesita consuelo. Mamá lo abraza, pero le dice que no piense que la próxima vez le va a llevar en brazos. Esto es despectivo y destructivo. El niño se queda confundido.

La empatía ayuda en situaciones de crisis

Como se ha comentado anteriormente, solo con el tiempo y con la ayuda de las personas más cercanas, los niños aprenden a distinguir sus sentimientos, a nombrarlos y tratarlos adecuadamente. No empujar el plato en la mesa porque no le gusta la comida, ni golpear a su amigo porque le quita un juguete. Los niños que aprenden de sus padres que son amados y que se respetan sus sentimientos y los de los demás, también aprenden empatía. Aquellos que entienden las necesidades de los demás, encontrarán amigos más fácilmente y buscarán ayuda de otros, en caso de ser necesario en una crisis.

Oportunidades para experimentar

Para resolver situaciones difíciles, un niño también debe experimentar que el mismo puede marcar la diferencia. Algunos padres dificultan este importante paso del desarrollo, a veces involuntariamente, porque solo quieren lo mejor para sus hijos y eliminan todas las dificultades del camino. Un niño que siempre están envuelto entre algodones no tendrá muchas experiencias para resolver una situación por sí solo, ya sea en una disputa por un juguete con su hermano o al hacer manualidades.

Quien quiere que su hijo sea fuerte, le tiene que dar la oportunidad de probar y ayudarse a sí mismo. También es bueno para la autoconfianza cuando un niño puede asumir la responsabilidad, por ejemplo, al cuidar de los niños más pequeños en la guardería. Sin embargo, lo más importante es que los padres tengan un entorno confiable y confianza en el futuro. Según varias investigaciones, tener unos padres con pautas educativas y valores en la familia, es una buena base para desarrollar la capacidad de resiliencia.

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