Desarrollo del sentido del gusto

Los dulces, los helados, las patatas fritas y la pasta son los alimentos favoritos de los niños. Una parte del sentido del gusto es innata, aunque se puede entrenar mucho con una dieta muy variada en la infancia.

Sobre gustos no hay nada escrito, ¿o sí?

Lo que le gusta a una persona, a otra le puede repugnar. Pero, ¿cuándo surgen estas preferencias o aversiones al comer? En general, el sentido del gusto es en parte innato y también se forma a partir de las influencias del entorno y la experiencia. Para un bebé, cualquier alimento es nuevo al principio y necesita conocerlo y acostumbrarse a él. Ya los bebés pueden distinguir cinco diferentes sabores. Estos incluyen dulce, amargo, salado, ácido y umami.  Umami es una palabra japonesa que significa sabroso y fuerte.

El ganador indiscutible, sin embargo, es el dulce. Lo dulce provoca en el bebé una señal de seguridad, energía rápida, mientras que las sustancias amargas indican que son a menudo tóxicas. No en vano, por ejemplo, la leche materna sabe dulce. Si los padres quieren que sus hijos coman más verduras, deben darles las más dulces, como zanahorias, guisantes o maíz.

Descubrimiento de los sabores

Los bebés son unos auténticos Gourmets. Tienen alrededor de 10.000 papilas gustativas en la lengua. A medida que crecen, el número se reduce a alrededor de 2.000. El desarrollo de las papilas gustativas empieza a partir del quinto mes de embarazo. Dependiendo de lo que coma su madre, el bebé también llegara a conocer los diferentes sabores.

Con la introducción de la alimentación suplementaria para lactantes, empieza la fase más importante de la expansión de la paleta de sabores. Este proceso de aprendizaje comienza a los 5 o 6 meses. Al igual que nosotros, el bebé también varía entre curiosidad y rechazo. El miedo a los nuevos alimentos, la llamada “neofobia alimentaria”, se produce alrededor de los 2 años de edad. El niño es menos aventurero y sistemáticamente se niega a comer cualquier alimento nuevo por temor a lo desconocido. Esto es sólo una fase de transición y parte del desarrollo psicológico, por lo tanto, se requiere paciencia.

Cuantos más alimentos nuevos, antes del inicio de la neofobia alimentaria, conozca un niño, mayor será la probabilidad de que los consuma durante y después de esta fase. Cuantas más sensaciones sabrosas reciba un niño, más definido será su sentido del gusto en el futuro. El repertorio de sabores de los niños está completamente desarrollado a los seis o siete años de vida. Disfrutar del sabor es una agradable sensación, pero desde el punto de vista biológico, aquí se trata de algo completamente diferente: con el sabor se prueba la calidad y la tolerabilidad de los alimentos. Solamente de esta forma puede mantenerse el cuerpo sano.

Para ofrecerle al niño una dieta variada, se puede empezar con los cuatro gustos básicos (salado, dulce, amargo y ácido). También es aconsejable variar las temperaturas (cálido, tibio y frío) y la textura (suave, duro, crujiente, tierno) para alternar. Y por supuesto, también hay que trabajar el sentido de la vista. Los bebés y los niños disfrutarán de alimentos coloridos y de diferentes formas.

El sabor de las cosas se sigue aprendiendo durante el resto de nuestra vida.

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