¡Ayuda, mi hijo tiene un tic!

Los niños pequeños desarrollan a veces pequeñas manías que pueden resultar hasta divertidas. Guiñan ojos, carraspean la garganta o echan la cabeza hacia atrás. ¿Son esto tics o solo parte de su desarrollo?

Tics en niños: carraspeo de la garganta, mordiscos, parpadeos.

Mi marido y yo estamos sentados expectantes en las pequeñas sillitas de la guardería. Pronto empieza la función de Navidad, en la que nuestra hija de tres años recitará un mensaje celestial. La obra empieza y todos los padres observan a sus hijos, nerviosos y recitando su pequeño texto. Nuestra hija tiene que tocar las campanillas. En teoría. Porque desafortunadamente, esta puesta en escena queda interrumpida en medio del escenario porque tiene algo más importante que hacer. Tiene que meterse la camiseta dentro de sus pantalones antes de que pueda empezar. La buena atmósfera que había se esfuma, el público se ríe. En secreto, probablemente todos piensen: “que bien que no es mi hijo”. Sonrío forzadamente y aprieto mi bolso con las manos sudorosas. “¿Otra vez lo mismo?”. Nuestra hija se arregla su ropa interior unas diez veces al día de esta manera. Ella solo está satisfecha si la camiseta, tanto a su derecha como a su izquierda no solo sale del pantalón, sino que llega al menos hasta la rodilla. Para lograr este efecto, también le gusta quitarse los pantalones, aunque haya gente, para tener más libertad de movimiento cuando usa una camisa. 

Al día siguiente quedo con una amiga para tomar un café y se lo comento. “Ah, esto también lo conocemos”, dice ella. “¿En serio?” Me siento comprendida. Afortunadamente, no es solo cosa de mi hija. “Si, por supuesto, nuestro hijo de tres años también tiene una manía. En la calle, nunca pisa las líneas de las baldosas, sino que siempre se asegura de poner el pie en el medio”, dice ella. “Y eso pone de los nervios, porque, por supuesto, andamos muy despacio”. Y su hija, de un año y medio, se rasca inconscientemente la punta de nariz varias veces al día a pesar de no tener ningún resfriado. Su nariz tenía muchas veces heridas de tanto rascarse. 

Pongo cara seria, pero a la vez estoy aliviada de escuchar eso. Este sentimiento aumenta cuando llamo unos días más tarde a otra amiga y me dice que su hijo, desde hace tiempo, tiene fases en las que parpadea constantemente o mueve la cabeza de un lado a otro.

Uno de cada cinco niños desarrolla tics

Para los niños es relativamente fácil desarrollar estos tics. Pero, ¿qué son exactamente? ¿Son tics? Acciones como ponerse bien la ropa interior o evitar las líneas de las baldosas tienen más probabilidades de ser comportamientos compulsivos. Los tics, por otro lado, son movimientos involuntarios que a menudo afectan la cara, como guiñar un ojo, pero también hay expresiones vocales, como tos, carraspeo o repetición de palabras. 

Al menos uno de cada diez niños en edad escolar muestra a veces este comportamiento, que por lo general solo dura unas pocas semanas o meses. La mayoría de los tics han desaparecido como máximo después de un año.

Pero, ¿a que es debido este aumento de casos de niños con tics? A menudo, tales comportamientos compulsivos y tics ocurren a una edad en la que los rituales y la rutina son muy importantes para los niños. Los rituales le dan al niño la sensación de tener las cosas bajo control, ayudan a reducir la ansiedad y crean una sensación de seguridad.

Regañarle no ayuda

Las causas de estos comportamientos, son las situaciones nuevas, como por ejemplo el inicio de la guardería. A veces un niño necesita una sensación de seguridad en medio de su inseguridad. Las acciones o movimientos repetitivos, son “una forma de lidiar con los sentimientos, miedos y temores”. Sin embargo, no siempre hay causas subyacentes psicológicas: “A veces son simplemente sensaciones corporales desagradables las que desencadenan tales comportamientos”. 

Los padres sabemos y entendemos que a los niños les gustan las repeticiones y necesitan rituales recurrentes para sentirse bien y seguros. Cuando desarrollan estos comportamientos compulsivos, exagerados o sin sentido, puede llevar a los padres al borde de la locura. El primer impulso es regañar al niño. Castigar o prohibir el comportamiento no ayuda en absoluto. El niño, simplemente, no puede abstenerse de realizar estas acciones. Sin embargo, como padre, puedes ayudarle a encontrar sus propias estrategias para afrontarlo. Si el desencadenante es una situación estresante, se puede trabajar con el niño para encontrar una manera de manejarlo mejor, pero es importante ante todo confiar en él para que tome la iniciativa.

Concretamente, eso significaría para nosotros los padres, no darle vueltas a este tic o comportamiento y quejarse. Hay que observar en que situaciones ocurre más a menudo y ayudar al niño a encontrar otra forma de reducir la tensión. Al mismo tiempo, los padres deben comprobar si el niño tiene que lidiar con cambios importantes, como una separación o una mudanza, el nacimiento de un hermano o el comienzo de la guardería. Es de gran ayuda mantener pequeñas conversaciones con él sobre sus sentimientos, preguntarle que podría ayudarlo a dominar mejor la nueva situación y ordenar sus ideas.

¿Cuándo hay que ver a un psicólogo infantil?

¿Cuánto tiempo puede durar un tic o un comportamiento compulsivo? ¿Cuándo deben los padres buscar asesoramiento psicológico en conductas como morderse las uñas, dar vueltas al pelo o similares? No existe una regla general. Siempre hay que ver como se enfrenta el niño a su comportamiento. Si esto no juega un papel importante en la vida cotidiana del niño, tal vez dura solo diez minutos al día y el niño puede manejarlo bien, se puede esperar. Pero si el comportamiento se intensifica y ocupa gran parte del día, se debe buscar consejo, incluso si el niño está visiblemente afectado o cada vez más cerrado a sus padres y amigos, se recomienda ayuda externa.

También se recomienda ayuda cuando los tics afectan o molestan mucho o la aparición de varios tics al mismo tiempo. En este último caso, podemos estar hablando del síndrome de Tourette. Este trastorno se caracteriza por tics complejos, múltiples y extensos, en los que los movimientos involuntarios son muy notables, a veces afectan a todo el cuerpo y a menudo pueden ser complicados.

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