El vínculo madre-hijo

El vínculo entre madre e hijo es la primera y, probablemente, la relación más importante en la vida de una persona. Empieza ya en el útero, y se intensifica cuando nace el niño y tiene el primer contacto con su madre. Para este vínculo especial, es enormemente importante que la madre se dedique al bebé. 

Desde el día del nacimiento, el comportamiento del bebé está diseñado para vincularse a un adulto de referencia, ya que los recién nacidos dependen de sus cuidados. Especialmente en el primer año de vida, no tienen más remedio que articular sus necesidades a través de gritos, lloros o expresiones faciales. Su persona de referencia, en la mayoría de los casos, la madre o el padre, es la que responde y satisface sus necesidades y le brinda la seguridad necesaria para su desarrollo y descubrimiento del mundo. 

Por supuesto, también existe el vínculo padre-hijo o padres-hijo. En el fondo, un niño puede construir lazos con varios cuidadores adultos. Naturalmente, el vínculo madre-hijo es muy especial y, por lo general, la madre pasa los primeros meses después del parto dedicándose al bebé. 

Comienza ya durante el embarazo

Ya durante el embarazo, la madre y el niño están conectados: el bebé crece de forma segura en el útero y se le suministra todos los nutrientes necesarios por la placenta. No conoce la carencia. Los sentimientos de las mujeres embarazadas, como la alegría y la felicidad, así como las preocupaciones y los temores o el estrés, son experimentados también por el bebé. Cuando nace, instintivamente reconoce el olor de la madre, la voz y el latido del corazón. 

Poco después del nacimiento, el bebé busca el pecho de la madre y también contacto visual. Este contacto visual es particularmente importante para el vínculo madre-hijo. Si la madre le responde, el bebé sabe que hay alguien ahí que reacciona a sus necesidades. 

En las primeras semanas después del nacimiento, las madres a menudo experimentan fuertes fluctuaciones emocionales así como reacciones mucho más sensibles a los estímulos sensoriales y a su hijo. Esta condición es provocada por las hormonas oxitocina, prolactina y progesterona, y es probable que la naturaleza quiera fortalecer el vínculo madre-hijo. La madre debe reconocer atentamente las necesidades del niño.

Atención y reacción

La intensidad del vínculo madre-hijo está influenciada por muchos factores diferentes. A veces solo puede desarrollarse adecuadamente en el hogar, después de los días turbulentos en el hospital en el momento del parto. Las madres necesitan a veces algo de tiempo para construir una relación cercana con su bebé. Este es el caso, por ejemplo, cuando una madre ha contraído depresión postparto y no puede atender adecuadamente a su bebé.

La atención que recibe un bebé de su madre, es muy especial. A través de la lactancia materna, existe un contacto físico intenso entre la madre y el niño. Tocar, acariciar y acurrucarse tiene un efecto calmante en el niño y fortalece el vínculo madre-hijo. El contacto visual amoroso también tiene un efecto positivo en esta relación.

Comunicación entre madre e hijo

Para expresar sus necesidades y sentimientos, el bebé hace uso de las señales acústicas (gritos, llantos, sonidos varios) o señales ópticas (expresiones faciales, contacto visual). Es absolutamente necesario, que la madre pueda interpretar las señales correctamente y atenderlas. Esto ocurre a menudo a los pocos días después del nacimiento. A través de las reacciones de la madre a su comportamiento, el bebé aprende nuevamente a “expresarse” más concretamente para obtener la reacción deseada, por ejemplo, consuelo.

Es sumamente importante para el desarrollo del niño, un comportamiento que típicamente se lleva a cabo entre el niño y sus personas de referencia. El reflejo de las expresiones faciales y con ello, las emociones del niño. Un bebé todavía no puede clasificar sus propios sentimientos. Solo se da cuenta de que algunas emociones son hermosas y otras no tanto, y lo transmite a través de expresiones faciales, movimientos y vocalizaciones. Es perfectamente natural, que los adultos, especialmente la madre, imite estas expresiones. El bebé reconoce con esto, que la madre no expresa sus propias emociones, sino la del bebé. A través de este reflejo exagerado de las emociones del niño, éste aprende gradualmente a clasificarlas. Mas adelante, tomará conciencia de ellas.

Al mismo tiempo, el niño experimenta una reacción directa de la madre a su estado de ánimo. Él se da cuenta que la reacción y las expresiones faciales de la madre, hacen referencia a él y sus sentimientos. 

Significado

Especialmente en los primeros años de vida de un niño, se van sembrando las semillas para un posterior desarrollo social y emocional. El vínculo madre-hijo es de gran importancia. Varios estudios han demostrado que los niños con un apego seguro en sus vidas, son más sociables y, a veces, más apreciados. Están más dispuestos a buscar apoyo en su entorno social y es más probable que sean correspondidos. Esta “confianza en el mundo” es una piedra angular importante para el desarrollo de una personalidad estable y equilibrada. Los niños con un buen vínculo, también son más capaces de percibir y clasificar sus sentimientos, y tienden a tener más empatía

Importante: la madre, o persona de referencia, debe estar presente constantemente, especialmente en los primeros años de vida del niño. Desde este “refugio seguro”, el niño puede descubrir su vida y su entorno. Da por hecho de que siempre puede volver a este tejido social seguro y sentirse acogido.

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